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Concepción, Chile, Lunes 31 de agosto de 2009
Tras grave mordedura a presidenta de la Junta de Vecinos Padre Hurtado 2
El can era el regalón de los vecinos del pasaje Fraternidad y su comida preferida era la que ellos le cocinaban.

"Blanco" o "Niño", eran los nombres que los vecinos le pusieron al perro callejero que deambulaba por el sector de la Villa Padre Hurtado 2, y que el pasado jueves 27 de agosto, a eso de las 16:15 horas, atacó violentamente a la presidenta de la Junta de Vecinos, Silvia Sandoval, cuando ella se encontraba repartiendo las invitaciones a los vecinos para la reunión del fin de semana.
Tras la graves lesiones con las que resultó la mujer, las personas que cuidaban el perro decidieron sacarlo de la casa y sacrificarlo.
"Ese día yo estaba sentada en el ante jardín de la casa, jugando con mis dos perros, entre los cuales estaba Blanco. Luego de un rato llegó la vecina a entregarme la invitación y él se le lanzó, de seguro que fue porque le dio celos cuando ella se me acercó. De inmediato socorrimos a la vecina y tomamos la decisión de sacrificarlo, pues aunque le ponga cadena, el perro se arranca más. Yo siempre me he preocupado mucho de los niños que juegan en la calle", contó Stephany Sepúlveda, quién había adoptado a Blanco.
La mujer dijo en exclusiva a Crónica Chillán que el animal se lo llevaron el sábado de la casa para evitar que sucediera alguna otra tragedia, mientras esperan llevárselo a Concepción para cumplir la sentencia de muerte del can.
"Yo estuve averiguando y en la Universidad de Concepción hay veterinarios que aplican la inyección para sacrificar perros. Llamé a un caballero que tiene una camioneta para que lo viniera a buscar, ya que él tiene otros perros y puede llevarse a Blanco a Concepción para que lo sacrifiquen. Esta persona está esperando que yo le avise para viajar, ya que los hijos de la señora Silvia vinieron el viernes a hablar conmigo y me dijeron que aún no podíamos matar al perro, porque hay que esperar 10 días y ver cómo evolucionan las heridas, pues si presenta algún problema hay que examinar a Blanco", indicó Sepúlveda.
HISTORIA DE UN AÑO
Según Stephany, "Blanco" era un perro vago que hace un año llegó al sector de la Villa Padre Hurtado 2 y hace como 6 meses que lo adoptó porque le gustan mucho los animales y él se encargó de que ella se encariñara día a día con él. Entre sus rasgos, caracterizaban su altura de 40 centímetros de altura y unos 80 centímetros de largo, además su pelaje de color blanco, motivo por el cual su ama lo bautizó como lo hizo.
"Hace un año más o menos, en el invierno del año pasado, que el perro apareció por aquí. Como mi casa no tiene reja en el antejardín, él llegaba a dormir a la puerta. A mí me daba mucha pena y hace 6 meses decidí entrarlo al patio para que durmiera y no estuviera en la intemperie. Los vecinos también le daban agua y comida. Yo le compraba alimento, pero prefería comer la comida casera que le dejaban los vecinos", indicó Stephany.
El perro tenía todas sus vacunas al día y su ama se preocupó personalmente de hacerlo, por el peligro que significaba contraer alguna enfermedad por el can.
"Fue tanto lo que me encariñé con el perrito, que lo llevé al veterinario para que le pusieran las vacunas del distemper. En ese momento el veterinario dijo que le pusiéramos la de la rabia y lo hicimos. Yo le compré su plato y ahí algunos vecinos le dejaban agua o comida. Con unas tablas que tenía mi papá en el patio, le dije a un caballero que le construyera una casa y ahí después dormía", relató Sepúlveda.
"Niño", como lo bautizaron los vecinos que se preocupaban del can, nunca fue agresivo con las que conocía, al contrario.
"Cuando yo llegaba a la casa después del colegio, me golpeaba los hombros o el pecho y el perro se paraba frente a mí para abrazarme. A nosotros nunca nos hizo nada, sino que a las personas que no ubicaba", contó Andrés Sepúlveda.
SÚPER BLANCO
La llegada del perro al barrio significó que la delincuencia disminuyera, ya que cuando llegaba alguien extraño al lugar, era atacado de inmediato, cuidando la seguridad de las casas.
"Desde que el perro llegó, yo pude dormir tranquila. Al lado de mi casa hay una pandereta que nos separa de una parcela, a la cual muchas veces habían entrado a robar; de hecho nosotros acá en la casa sentíamos cuando andaba gente, porque cuando los carabineros los salían persiguiendo, ellos saltaban la pandereta, cayendo a nuestro antejardín", precisó la dueña del animal.
SACRIFICARLO
La decisión de acabar con la vida de este animal fue una resolución voluntaria que tomó la familia que tenía al cuidado el perro hace algunos meses, por la seguridad y el miedo que tenían de que volviera a ocurrir lo que tuvo que padecer Silvia Sandoval. Su dueña, sólo espera la señal, para que lo lleven a sacrificarse.
"Siento que no nos hemos equivocado. Tengo pena, pero sería peor si él se quedara en la calle sufriendo, como lo hizo antes de que nosotros le abriéramos la puerta", remató Stephany Sepúlveda.