Chillán, Domingo 28 de febrero de 2010
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Reos en fuga quemaron seis casas

19 personas sufrieron el horror de ser invadidos por los presos tras el terremoto y lo perdieron todo.

Ni siquiera en el Apocalípsis se describió algo peor para el fin del mundo. Porque claro, se hablaba de la destrucción de la Tierra, cuyo secreto de ejecución fueron dados a los terremotos y a los tsunamis. Pero en ninguna parte se hablaba de un éxodo de demonios desde el averno. Y exactamente esto fue lo que sintieron los residentes de la calle Isabel Riquelme, vecinos de la Cárcel de Chillán, quienes tras sufrir como todos las horripilancias del sismo, con pánico sufrieron la invasión de hordas de reos en sus domicilios, en sus habitaciones, sus jardines y sus techos, exigiéndoles ropas, dinero e intentando robar sus automóviles para huir de Gendarmería, que conforme a lo que permite la Ley, había abierto fuego sobre los fugados.

El resultado, fuera del incomesurable daño en la cárcel, fueron seis casas absolutamente incendiadas, y 19 personas damnificadas, entre gente de la tercera edad y niños, porque los papeles con fuego que los reos ocuparon para desatar el ígneo infierno en la penitenciaría, llegaron a los patios traseros de los domicilios que colindan por el costado poniente con la cárcel.

Después del sacudón, fuimos a la casa de mis padres, al frente porque nos dimos cuenta de que había caído una pandereta. Al tratar de volver nos dimos cuenta de que esta gente estaba dentro de nuestras casas. Y es que el incendio que se generó el añoso y colapsado centro penitenciario, se extendió casi sin oposición hacia las viviendas del lado poniente. Las menos dañadas quedaron absolutamente inhabitables y las más afectadas ya son sólo un agridulce recuerdo.

Fue espantoso, caballero, si yo pude ver cuando empezaron a prender los papeles allá en la galería (apunta el ala sur del penitenciario), de repente empezó el incendio, el muro ya estaba en el suelo y de pronto vi cerca de 30 presos en mi casa, algunos estaban armados, me dijeron que me calmara, que si no hacíamos nada no nos iban a hacer nada. Me pidieron las llaves de la camioneta, pero yo no las tenía, así que la sacaron a empujones de la casa, y nosotros estábamos todos tirados en el suelo, porque las balas iban y venían. El fuego alcanzó las casas, las casas de toda la calle. ¡Cuántas veces hemos pedido que por favor nos saquen la cárcel de acá y no nos escucharon nunca!, ahora perdimos toda una vida de esfuerzo, todo, todo se perdió , dijo María Teresa Cortez, una de las propietarias de las 6 casas quemadas en forma intencional por los presos que se dieron a la fuga, mientras, aún en pijama y con un chaleco, abrazaba a uno de sus hijos, de no más de 12 años, quién tenía los ojos vidriosos de tanto llorar.

Una de las casas, que junto al pub El Sureño, quedaron reducidas a ruinas es la de la señora Natalia Loyola, de 87 años, quien arrendaba piezas a cuatro mujeres de entre 22 y 26 años (estudiantes y trabajadoras) cuando empezó toda esta cosa del terremoto, salimos como pudimos, después entramos a vestirnos y nos quedamos con la abuelita, pero en eso se empezaron a sentir los balazos por todas partes y entraron los reos a la casa, caminaban entre medio de nosotros, gritaban desesperados, decían ¡ya, tirémosnos todos juntos!, después el fuego alcanzó la casa y ahí quedó como usted la ve, no quedó nada, lo perdí todo. Yo alcancé a ponerme esta ropa, a sacar mi cartera y nada más. El hermano de una de las niñas nos vino a buscar y nos llevó a todas a Quinchamalí. Ahora volvimos en la mañana y nos encontramos con esto , explicó Yasna Aguayo,  una de las damnificadas.

Aunque aún en estado de shock, los ocupantes de las casas incineradas anunciaron querellarse contra el Estado, por no brindar la seguridad necesaria que requiere un recinto penal y por el daño que le causaron los reos. Hemos hablado tantas veces, y nada pasa. Ahora cuando pase este susto primero, voy a ver los temas legales, pero esto no puede quedar así , anunció Horacio Villamán.

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