Aprovechamiento y robo, decían los consumidores, oportunidad y viveza para los comerciantes, varios de los cuales desde el día después del terremoto que afectó a Chillán subieron sus precios del mismo modo como se iban conociendo las catástrofes que a su paso dejó el movimiento telúrico.
Los productos que más vieron modificados sus precios en la ciudad fue el pan, que se puede encontrar desde 600 pesos, hasta los 800 por kilo en época normal, para llegar a los 1.500 o 1.800 pesos el kilo post terremoto.
Las preciadas velas que hasta ayer salvaron la situación de falta de electricidad, que normalmente cuestan cerca de 500 pesos, subieron en un 100 por ciento para encumbrarse en mil pesos el paquete de cinco unidades.
Por último, el agua mineral que cuesta entre 500 y 600 pesos, la botella de un litro 600 centímetros cúbicos, durante estos días alcanzó los 900 y mil pesos la botella. Incluso no faltó quien aprovechándose del pánico de quedarse sin el vital elemento, vendió el agua que, por ejemplo, entregó Bomberos a quien lo solicitara.
Sin duda una mala entendida muestra de la “viveza” típica del chileno. Mientras, la gente se agolpaba en las puertas de los negocios más pequeños, a falta de supermercados abiertos en la ciudad, reclamando por los precios.
“Es una sinvergüenzura que se aprovechen de esta manera de una desgracia”, reclamó María del Pilar Abarzúa, fuera de un concurrido negocio en la Avenida Argentina.
“No pueden ser tan ganadores. Imagínese la gente de menos recursos, qué va a hacer” insistía Nelson Opazo, de pie en la puerta de un local en la Villa Kennedy.
BUSCANDO SOLUCIÓN
Ayer, en tanto, la situación alimentaria que se vive en Chillán fue analizada en la reunión del Comité de Emergencia de Ñuble, donde el miedo a que los supermercados sufrieran saqueos no se ocultó por las autoridades. Por ello, los coordinadores pidieron que una vez que lleguen canastas familiares a los más afectados, situación que podría comenzar hoy, los nombres sean catastrados para evitar su entrega varias veces a los mismos chillanenses.
El otro aspecto, mencionado por Andrés Castillo, seremi de Agricultura, pero en labores de coordinación entre los actores del mundo privado y el público en la Región, pidió a los distribuidores de alimentos que se acerquen hasta las autoridades, ya que contactarse con ellos ha sido imposible.
“Se les va a pagar los insumos que necesitemos, pero hemos tenido muchas trabas para contactarlos y por los mismos requerimientos administrativos que ellos requieren para poder buscar una solución. Lo ideal sería que ellos se pudieran acercar hasta nosotros”, pidió Castillo.