Angustia entre los vecinos de Chillán se ha sumado al miedo que reinó en los primeros minutos del terremoto. Esto ya que en los sectores periféricos de la ciudad, donde hasta ayer los servicios básicos no habían sido repuestos, ya comienzan a escasear los alimentos, lo que hace presagiar para los pobladores un panorama negro de cara al futuro.
“Estamos muy mal, acá el terremoto nos dejó sin casas, estamos en campamentos y hemos juntado lo que nos queda de alimento para hacer una olla común y poder alimentarnos. Necesitamos que lo antes posible lleguen las cajas de alimentos”, imploró ayer Edith Medina en un recorrido que hizo por los sectores más olvidados de la urbe Crónica Chillán, pobladora que vive en el pasaje 3 Norte de la población Vicente Pérez, donde el terremoto dejó agrietadas y hundidas todas las casas.
Los vecinos que han hecho de una cancha de rayuela su nuevo hogar son los que salen a recibir a cualquier autoridad o camioneta municipal que llegue, siempre con la esperanza que venga cargada de ayuda. Alimentos, baños químicos y nylon son las prioridades que se repiten entre los pobladores, los que hasta la fecha no han llegado.
“No tenemos baño, sería muy bueno si nos traen un baño químico, porque nuestras necesidades las hacemos en una bolsa y la vamos a botar al basural de la esquina y con el sol sale un olor a podredumbre que no se puede aguantar, lo que también trae las moscas y las infecciones”, detalló Marta Medina, sobre un problema sanitario en ciernes.
Una gran olla tiznada y otra gran parrilla son los registros que grafican que las noches a la intemperie han sido largas en este sector. Los ojos cansados y una gran parte de sus pobladores durmiendo en las carpas y otros retirando los escombros son el paisaje triste que se dibuja en el sector poniente de la ciudad.
“Necesitamos nylon, porque en cualquier momento se va a poner a llover y demás está decir que deben traernos alimentos. La municipalidad vino al día siguiente del terremoto a dejarnos cuatro paquetes de tallarines y un aceite para 40 personas, y luego no se han vuelto a aparecer. Parece que no se entienden que quedamos en la calle, pido por favor que nos ayuden, la gente lo está pasando mal”, dijo Fabiola Ibáñez, quien está junto a su hija acampando fuera de su casa.
Acurrucados y envueltos entre frazadas, en el lugar duermen los 15 pequeño, ya que sus madres aún están con miedo cada vez que sienten las réplicas, las que desmoronan las panderetas y paredes que están a punto de caer, por lo que la sensación de inseguridad aumenta al máximo.
“No tenemos tranquilidad, vivimos en un miedo constante por los niños, porque ellos están durmiendo en la calle y uno pierde la calma al saber qué pasará si se acaba la leche por la comida. Ellos nos piden y no hay qué darles, el agua no ha llegado y plata para comprar bebida no hay. Pedimos a las autoridades que se pongan en nuestro lugar, sabemos que las casas demorarán, pero la ayuda en alimento no debería ser así”, lanzó Fabiola.
Hoy llegan
La necesidad de alimentación de a poco está siendo respaldada en la provincia y ayer ya se entregaron 4 mil 900 raciones calientes de la Junaeb a las comunas de Cobquecura (500), Quirihue (1.500), Ninhue (600), San Nicolás (500), Ñiquén (300), San Carlos (1.000) y San Fabián (500.)
“Estas raciones se van a mantener hasta que sea necesario y está incluido el sábado y domingo. Hay que destacar que las personas que prepararon las colaciones en Cobquecura muchas de ellas tenían sus casas en el suelo y estaban trabajando en horas extraordinarias, lo que nos llena de orgullo”, comentó Juana Castro, directora del Departamento Provincial de Educación.
Hasta el cierre de esta edición se estaba a la espera de que la empresa que abastece al interior de la provincia, Hendaya, que es contratada por la Junaeb, se traslade a Coelemu, Yungay, El Carmen, Chillán y Chillán Viejo y prepare la alimentación para repartir a más tardar hoy en la tarde.
En tanto, las cajas de alimentos se distribuyeron en la provincia el lunes y correspondieron a mil paquetes para las 21 comunas y se está a la espera de una nueva partida de mil cajas para ser distribuidas.
“Son entregadas a la municipalidad y ellos se encargan de repartirlas y están compuestas de azúcar, leche, harina, té, arroz y los productos básicos”, detalló el gobernador Ignacio Marín.