Chillán, Miércoles 3 de marzo de 2010
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Dramático escape de edificio en el suelo

Pareja de Chillán salvó de estructura nueva que colapsó en Concepción. Marco Rubilar y María Fernanda Abarzúa cayeron desde varios metros amortiguados por un colchón que sirvió de escudo.

 Puede parecer increíble que un colchón haya sido el objeto que salvó la vida de María Fernanda Abarzúa y Marco Rubilar, una pareja de jóvenes chillanenses que durante la madrugada del sábado escapó de milagro cuando el que será conocido como el “Terremoto del 2010” destruyó por completo el edificio Borderío, donde se encontraban en Concepción, partiéndolo en dos mitades y convirtiéndolo en una suerte de símbolo del desastre penquista.

Éste fue el escenario de la milagrosa historia de una pareja con planes de matrimonio. Él, egresado de Arquitectura, de 23 años, y ella sicóloga de 26, pasaron casi siete horas entre los escombros hasta que fueron rescatados por Bomberos en medio de desesperadas exclamaciones de dolor y peticiones de ayuda.
“Estábamos durmiendo, porque habíamos estado viendo el festival (de Viña). Yo sólo sentí cuando íbamos cayendo. El edificio se cortó en dos y nos caímos sobre el colchón que nos abrazó como un sandwich y quedamos atrapados en el suelo”, evocó Marco, quien resultó con algunas lesiones de mediana gravedad en sus pies.

Fernanda, en tanto, tiene fugaces recuerdos que sobre todo en la noche aparecen en su memoria.

 “No me acuerdo mucho, pero cuando estábamos como en el aire logramos subir entre los dos escalando hacia lo que era la cocina. Al lado de nosotros se escuchaba la gente y sus gritos. Estábamos encerrados y salía olor a gas (…) En la noche cierro los ojos y me acuerdo de imágenes. Ahora estamos más tranquilos y dentro de todo bien”, relató la profesional que estaba de visita en el departamento de su novio, quien arrendaba hace cerca de dos meses el lugar.

Según recuerdan, pasadas las seis de la mañana comenzó a llegar la ayuda, que primero que todo se preocupó de cortar algunos servicios, para luego abocarse al rescate de los maltratados moradores, mientras que las réplicas se sucedían cada cerca de 30 segundos, una y otra vez.  

“Nunca más volveré a vivir en un departamento. Llevo seis años en Concepción y nunca me imaginé que algo así iba a pasar. Estuvimos muy cerca de morir. Mientras caíamos pensé que me iba a morir, pero luego cuando estábamos estáticos pensé que todo había pasado”, rememoró Marco, quien sólo se dio cuenta que estaba parado sobre un charco de sangre que emanaba desde sus piernas y pies unas horas más tarde.

Mientras estaban entre los restos del edificio, tuvieron contacto con tres personas que se encontraban en las mismas condiciones y según contaron, les sirvió para darse ánimo y no perder las esperanzas de que saldrían de la complicada situación.
Marco, quien deberá volver en dos semanas a la ciudad y tal vez al mismo sitio donde de seguro podrá reconstruir una y otra vez lo que pudo ser una tragedia, perdió todo lo que tenía en el interior del departamento. No obstante, asegura que lo más importante es haber permanecido con vida.

“Perdí todas mis cosas. Tendré que empezar de nuevo, pero agradezco que los dos estemos vivos”, recalcó.

Nery Sierra, madre de Marco, y Verónica Ibáñez, de María Francisca, no dejan de sorprenderse cada vez que de boca de sus hijos escuchan tamaño milagro y los miran entre oprimidos y alegres por tenerlos nuevamente a su lado.

“Nosotros tenemos familiares en el extranjero que supieron lo que pasaba acá y nosotros nada. Fue impactante verlos llegar a pata pelada y con golpes. Se me vino el mundo encima”, recordó Verónica con los ojos vidriosos.

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