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Chillán, Chile, Viernes 12 de marzo de 2010

Fabiola Sepúlveda es una "Cronichica" que perdió su casa tras el terremoto

"Necesitamos un techo donde vivir"

Joven vive con su mamá y sus hermanos, los que la noche de la tragedia vieron cómo se desmoronó el lugar donde por 10 años habitaron.

Fabiola Sepúlveda Rojas es una joven chillanense que al sacrificio y al trabajo nunca le ha tenido miedo ni asco, y lo ejemplifica en su vida, la que dedica a estudiar y trabajar para ayudar en su hogar, el que comparte con su madre y su pareja, más sus tres hermanos.

La noche del pasado terremoto vio como su casa, la que habitaban hace 10 años, comenzó a colapsar, quedando inhabitable, por lo que hoy deben dormir en el patio, en una carpa resguardada en un cuarto que tuvieron que construir de emergencia.

"El día del terremoto estábamos todos asustados, los niños no podían salir y comenzamos a desesperarnos al ver que las murallas se caían y las puertas se trancaban, la verdad es que tuvimos mucho miedo. Hemos tenido un 100 por ciento de pérdida y estamos esperando que se acerquen de la Municipalidad, nosotros por mientras sacamos lo que más pudimos del interior de la casa", contó Fabiola, quien hace algunos meses es vendedora del Diario Crónica Chillán en las calles de la ciudad.

Esta familia fue visitada el primer día después del sismo por funcionarios de la Municipalidad de Chillán, quienes hicieron el catastro de los daños de la propiedad y no han vuelto al lugar.

"Para nosotros fue terrible estar dentro de la casa sin poder escapar. De la Municipalidad vinieron el primer día, entraron hasta la parte de adelante de la casa no más y salieron, de hecho lo que escribieron lo hicieron en la calle y nunca más volvieron. Si no fuera por mi vecina, que nos ha ayudado en todo lo que hemos necesitado, y mi mamá que vino desde Temuco a vernos, estaríamos desamparados", contó Magdalena Rojas, mamá de Fabiola Sepúlveda.

La familia Sepúlveda Rojas, indica que necesita ayuda, pero no de alimentos, porque hasta el momento lo que tienen les alcanza, sino que de alguna colaboración para poder cerrar el sitio donde esta lo que queda de su casa, pues cuando demuelan quedarán a la intemperie.