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Chillán, Chile, Domingo 14 de marzo de 2010
Ricardo Robles, jefe de la defensoría local asegura haber quedado impactado con el estado de las reclusas derivadas a Concepción
Duermen de a 2 en colchonetas en el suelo, hay un baño sin ducha para 48 internas y 5 guaguas picadas por chinches.

Como si fuese a escribir un libro respecto del estado en que se encuentran las mujeres que estaban condenadas o imputadas en la cárcel femenina de Chillán, el abogado y jefe de la Defensoría Penal Pública, Ricardo Robles, lanza a modo de preludio que "eso se parecía a uno de esos campos de concentración nazi, es que de verdad fue impresionante, fuimos con el defensor regional, Georgy Schubert, y la defensora nacional, Paula Vial, y quedamos impactados".
La base de esta desgracia es que a causa del sismo las dependencias del centro penitenciario femenino, ubicado en calle Constitución, quedó con grave riesgo de derrumbe, puesto que el segundo piso estaba fabricado en adobe, y las 48 internas (en su mayoría imputadas), más los 5 lactantes que permanecen junto a sus madres, debieron ser derivados a la cárcel El Manzano 1 de Concepción, donde se les habilitó un gimnasio como única sala multipropósito.
Esta situación de inmediato movilizó a la Defensoría, al Sernam y al Sename, quienes no dejaron de enviar a sus abogados y asistentes sociales para verificar que las reclusas estuvieran en condiciones dignas; sin embargo, el informe entregado a la Defensoría por parte de la asistente Gabriela Soto Muñoz, es fúnebre.
"Todas duermen de a dos con colchonetas en el suelo dentro del gimnasio, existe un baño para todas, que es prácticamente una caseta y no cuenta con duchas; no tienen un lugar para lavar ni secar ropa, sólo 15 de ellas han logrado comunicarse con sus familiares telefónicamente y por sólo un minuto. Hay 5 lactantes, muchos de ellos presentan severas picaduras de chinches, los que andan en el suelo y por sus colchonetas, y hay otros quienes están resfriados", dice parte de lo informado.
sin visitas
Otras desgracias se generan porque sólo les permiten salir por 30 minutos diarios a un patio cuyas dimensiones no superan los 3 por 4 metros, y en vez de utilizarlos para caminar o para mirar el cielo, los aprovechan para "lavarse por partes", dadas las condiciones para higienizarse con las que cuentan. El resto del día deben permanecer dentro del gimnasio que se les habilitó.
"Esto ha generado varias reacciones en ellas, pero no por rebeldía hacia Gendarmería, sino que con bases bien fundamentadas. Por ejemplo, muchas se están negando a recibir visitas, porque en primer lugar el tiempo que les dan para verlas no supera los 15 minutos, lo que es muy poco considerando que la familia debe viajar hasta Concepción para hacerlo, con los gastos que eso le significa a familias que en general son de bajos recursos; y en segundo lugar porque quienes las visitan quedan tan afectados por las condiciones en que las ven, que de verdad ellas ya no ven mucho de positivo en que las vayan a ver. Insisto, ellas sufren miserias en la cárcel", aseguró Robles.
Otra de las reacciones que estuvieron a punto de concretarse fue una huelga de hambre por parte de algunas de ellas, quienes ya estaban rechazando la comida, sin embargo tras recibir la visita de los abogados de Chillán (no se conformaban con entrevistarse con los de Concepción) presentaron sus quejas y demandas, lo que al menos en algo las tranquilizó, puesto que se les ofreció ayuda concreta.
leche al fin
No fue fácil conseguir en los primeros días que las reclusas que estuvieran con sus hijos (todos menores de 2 años y medio), para eso la Defensoría y el Sename debieron hacer presión.
Aún falta mucho por hacer, pero aunque hay opciones (ver recuadro) "este es un momento complicado, porque por un lado el jefe nacional de Gendarmería renunciará a su cargo, aún no hay seremi de justicia, sólo el subrogante que es el defensor regional, Georgy Schubert, ni tampoco hay un gobernador en Ñuble; es decir, no hay nadie que tome las decisiones más urgentes respecto al penal", reflexionó Robles.